Testimonio Bernarda

Volvía de mi hora de almuerzo a mi oficina, por una de las aceras. Un conductor de tuc-tuc bajó la velocidad y se acercó para decirme, “Si quiere se monta y me la monto.” Yo ignoré al tipo y seguí caminando, pero insistió con el típico, “Sht sht, le estoy hablando.” Como lo ignoré, me dijo una serie de insultos. Yo me detuve y seguí caminando en el sentido contrario. El tipo a los días volvió a pasar por la misma calle a la misma hora, esta vez, acompañado de otro hombre que intentó tocarme desde el tuc-tuc. Yo me hice a un lado y decidí, mejor, cambiar la hora en que salgo a almorzar. Es triste ver que las personas se den cuenta que te pasa esto, y nadie haga nada por ayudarte, y más, que existan hombres que crean que pueden hacer este tipo de cosas.

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