Testimonio Angie

Trabajo como presentadora de noticias, y muchas veces me toca caminar arreglada, con tacones y vestido, hacia el parqueo afuera del edificio de los estudios.

Cada vez que pasa un hombre diciéndome una vulgaridad susurrada, lo he resuelto devolviendo su improperio gritando algo como: “DEJE DE DECIRME OBSCENIDADES, MALDITO COBARDE”.

La última vez, incluso logré alertar a un guardia para darle un susto.

Exijamos nuestro lugar.

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