Lidia

Lidia

Mis experiencias con el acoso sexual callejero iniciaron desde la adolescencia. Recuerdo una mañana que iba en el bus rumbo al colegio, viendo por la ventana las calles. Un hombre estaba parado con el pene de fuera viendo a todas las que íbamos en el bus, cuando lo vi me asusté, me causó un sentimiento que no logré reconocer, no dije nada. Ahora, reconozco ese sentimiento, es indignación. Como estudiante en un colegio para niñas, todas aprendemos a caminar por las calles con mucho cuidado, siempre en la banqueta pegadas a la pared nunca cerca de la calle en donde los ayudantes de buses pasan levantando las faldas y “echando mano” (manoseando, dando nalgadas).
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