Lidia

Mis experiencias con el acoso sexual callejero iniciaron desde la adolescencia. Recuerdo una mañana que iba en el bus rumbo al colegio, viendo por la ventana las calles. Un hombre estaba parado con el pene de fuera viendo a todas las que íbamos en el bus, cuando lo vi me asusté, me causó un sentimiento que no logré reconocer, no dije nada. Ahora, reconozco ese sentimiento, es indignación. Como estudiante en un colegio para niñas, todas aprendemos a caminar por las calles con mucho cuidado, siempre en la banqueta pegadas a la pared nunca cerca de la calle en donde los ayudantes de buses pasan levantando las faldas y “echando mano” (manoseando, dando nalgadas).

Creciendo con esta idea de cuidarme de los hombres atravesé otras experiencias, inconscientemente haciendo todo lo posible por evitar el acoso (osea, evitar que alguien se de cuenta de mi existencia)  fui aprendiendo que también podía y debía defenderme.

Recuerdo muchas ocasiones, entrando a un lugar o caminando por la calle junto con mi hermana, los hombres dejan de hacer lo que estén haciendo y voltean a ver las nalgas, las piernas y los pechos, nunca a los ojos, nunca con respeto; luego de su inspección a nuestros cuerpos se encuentran con mi cara, seria, con mirada sostenida contra sus ojos y así dejan de vernos. He adoptado un rol de cuidadora con mi hermana, camino detrás de ella viendo con seriedad a los hombres que se la comen con su mirada y pensamientos. He aprendido a defenderme, no solo a mí sino a toda persona quen me acompañe y ya no me da miedo, porque he visto que cuando me planto y los volteó a ver ellos reconocen su acción y dejan de vernos o decirnos cosas; eso significa que comprenden que están provocando malestar y que no está bien lo que hacen.

La última vez que me acosaron, fue hace unos meses. Salí de un restaurante, iba cruzando la calle cuando un pickup azul con un viejo conduciendo empezó a bocinar, lo vi y no lo reconocí así que no me está saludando pensé. Cuando se acercó más a mí yo ya había cruzado la calle pero me quedé parada esperándolo y le grité ¡¡QUÉEEE!!; el tipo no se lo imaginó, su rostro cambió, su sonrisa pícara se convirtió en seriedad y siguió su camino.

Sé que el acoso callejero son prácticas aprendidas, que se piensa que validan la masculinidad de los hombres; creo que las personas aprendemos para ser mejores y podemos cambiar y para esto es importante que como mujer hable, que cuente sobre el acoso y mis experiencias, puedo gritar ¡BASTA YA! y mi misión es que todas aprendamos a defendernos, no solo de este tipo de violencia, sino de todos los tipos, porque tenemos derecho a una vida digna, a la paz, ¡por que las calles también son nuestras!

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One thought on “Lidia

  • noviembre 22, 2015 at 9:47 pm
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    Creo que lo más importante es que ante el acoso no debe haber tolerancia. Cada una según su contexto y el momento decidirá cómo enfrentarlo, pero ya NO es posible el silencio.

    Me sentí muy identificada con tu historia, me pasa lo mismo con mi hermana. He enfrentado a varios tipos con la mirada y en ambientes seguros hasta con la palabras. Aparte de avergonzarlos públicamente se siente un poquito de liberación y sensación de justicia. Así que te felicito por no callarte y por sacar tu fuerza interior!

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