Cristina

7:30 de la mañana. Dejo mi carro a solo una cuadra de la Universidad. La luz de un nuevo día se llena de cierta seguridad que se opaca ante los comentarios de pilotos de buses que empiezan, justo cuando termino de pasar por la cuadra, a lanzar las frases típicas que nada tienen que ver con querer entablar una conversación, agradar o si quiera interesarse por cómo me llamo. Sus frases me intimidan, me da miedo. Son comentarios sexuales que me hacen pensar que me van a perseguir así que camino más rápido, se ríen. Lo hacen con una prepotencia como sabiendo que no me defenderé.
7:30 de la noche. Me bajo de la camioneta que me dejó unas cuadras más adelante de mi parada. Camino, en la noche las calles no me pertenecen; rápido, con el corazón latiendo de prisa y la vista hacia todos lados, llego a mi destino. Respiro.
Recuerdo que cuando tenía 15 años, iba caminando a la iglesia y un carro empezó a bocinarme, volteé a ver y unos señores me invitaron a que me fuera con ellos. Yo les dije que no y seguí caminando. El carro iba a la velocidad de mis pasos, yo me asusté tanto y corrí y corrí hasta llegar a la iglesia. Me sentí tan vulnerable.

Esta manera de vivir la Ciudad, me doy cuenta que es la forma que he aprendido a vivir. Nunca me había puesto a pensar que podría ser de otra manera. De todos los males que hay en mi país: miedo por los asaltos, una bala perdida, no lo veía como violencia. Creo que esta forma de naturalizar el acoso por mi “condición” de ser mujer es la que me hace guardar silencio y no poder enfrentarlos verbalmente. Me doy cuenta, hasta ahora, que están ejerciendo su dominio sobre mí, que están violentando mi derecho a caminar libremente. Veo que la forma en que vivimos la violencia las mujeres es diferente a la de los hombres; porque además del miedo a los asaltos o a los pleitos, tengo miedo a que me pasen tocando, a sentir esas miradas libidinosas de extraños que dan asco, enojo, y el miedo a una violación está siempre presente. Así que toca ir seria, enojada porque no vaya a ser que por ir riendo o alegre los hombres vean una oportunidad para ejercer su ataque.

Y me doy cuenta, no soy solo yo. Al escuchar a otras, me doy cuenta que es serio, que no debería ser normal, que no es justo. Que hay que hacer algo…

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4 thoughts on “Cristina

  • noviembre 24, 2015 at 3:28 pm
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    Hola me siento súper identificada con este testimonio y no cabe duda que triste tener que decirlo, de que manera puedo formar parte activa de este movimiento.?

    quedo a la espera de la pronta respuesta

    gracias.

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    • diciembre 2, 2015 at 4:49 pm
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      Gracias Lizy por tu comentario. Es muy necesario que el esfuerzo sea colectivo para que realmente podamos transformar esta realidad. Estamos en contacto. Abrazos.

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  • noviembre 28, 2015 at 9:21 pm
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    Estoy con Uds. Deben ser respetadas y estimadas en cualquier parte incluyendo en las calles.
    Ánimo.

    Dr. Jorge Rivera-Lima
    Médico y Cirujano
    Colegiado activo No. 90’2

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